El cerebro está diseñado para sobrevivir.

Estamos aquí porque hemos sobrevivido. Y hemos sobrevivido gracias a nuestro cerebro. Esa ha sido su función primaria. Y sigue siéndolo. Esa función hace que lo primero que nos llame la atención en todo momento sea la amenaza, el peligro, lo que falta. Nuestra atención se enfoca constantemente en este aspecto de nuestra experiencia.

Evaluar los eventos en términos de «esto me va a ayudar a sobrevivir» o «esto es una amenaza para mi supervivencia» es una función básica que no podemos parar. Y no debemos. Esta función es la que nos hace estar atentos en la carretera y vigilar a nuestro hijo mientras juega en el parque.

Cuando hay un peligro, se generan dentro de nosotros hormonas de estrés que hacen posible que entremos en acción para protegernos o proteger lo que es importante para nosotros.

¿Justifica esto que estemos tan estresados la mayor parte del tiempo? ¿Es esta la razón por la que se consumen una cantidad ingente de tranquilizantes en el mundo occidental? En parte sí. Pero en parte, nuestro estado de ánimo desasosegado es el resultado de un condicionamiento cultural que hace que interpretemos aquello que percibimos como peligro en término de juicios moralistas y críticas o en términos del bien y el mal. Y es esto lo que se ha convertido en un hábito cuyo resultado es niveles de ansiedad altos, estrés y tensión dentro de nosotros casi permanentemente.

¿Hay algo que podamos hacer para equilibrar esta necesaria pero sobredimensionada función cerebral?

Sí. La práctica del agradecimiento.

¿Por qué es necesario cultivar el agradecimiento y por qué no surge de manera tan natural como el juicio o la crítica?

Sencillamente porque la crítica y el juicio es algo que practicamos constantemente. Hemos crecido rodeados de crítica. Vemos expresiones de juicios constantemente en todos los ámbitos y todos los medios. Y así llevamos más de 7 mil años según algunos investigadores. Vaya carga cultural.

El agradecimiento es algo que se puede cultivar y practicar. Pero hay que hacerlo de manera consciente.

¿Por qué practicar el agradecimiento?

 

Está probado científicamente que la práctica del agradecimiento es un elemento importante en el aumento de la densidad del cortex prefrontal de nuestro cerebro y trae consigo 8 beneficios considerables:

1. Nutre nuestros lazos con otras personas y fortalece nuestros vínculos.

2. Mejora nuestra salud física.

3. Mejora nuestra salud mental.

4. Promueve la empatía y reduce la agresión

5. Nos ayuda a dormir mejor.

6. Aumenta la autoestima.

7. Aumenta nuestra fortaleza emocional para enfrentar las dificultades de la vida; lo que se conoce como resiliencia emocional.

El agradecimiento es natural pero no habitual. Por eso hay que cultivarlo

Así como nuestro cerebro está diseñado para sobrevivir, también está diseñado para florecer, prosperar, crecer, evolucionar. Pero esta capacidad hay que desarrollarla conscientemente. 

El agradecimiento es una experiencia que surge de manera natural cuando recibimos algo de alguien, de nosotros mismos o de la vida. Sin embargo, como el peso del condicionamiento cultural que nos lleva a juzgar y criticar es tan fuerte, el proceso natural del agradecimiento no nos llega con tanta fuerza a la consciencia porque nuestro enfoque está habituado a centrarse en la falta, lo que no hay, el peligro, la amenaza, el juicio y la crítica.

Por eso es necesario hacer del agradecimiento una práctica consciente. A continuación te propongo un «método» para desarrollar tu capacidad natural de agradecimiento, lo que te traerá enormes beneficios.

 

 

Sugerencias para la práctica del agradecimiento

1. Céntrate en qué hizo la otra persona. Por ejemplo, «Mi pareja me invitó a cenar a su casa con ella y sus hijos.»

2. Fíjate en cómo te sentiste con respecto a ello. «Alegre, tranquilo y relajado.»

3. Pregúntate qué efecto esto causó en ti. Para tomar consciencia del efecto de algo que ha hecho alguien ayuda mucho pensar en qué necesidades humanas cubrió su  acción. Siguiendo con mi ejemple de la invitación a cenar de mi pareja: «Experimenté cuidado, atención, cariño, conexión, pertenencia, aceptación, inclusión. Me sentí importante para ella.» (Puedes encontrar una lista de necesidades humanas en mi ebook 3 claves para mejorar todas tus relaciones . Puedes descargarla gratis aquí)

4. Saborea la experiencia. Recréate en ella.

5. ¡Exprésalo a la persona que lo ha hecho!

Es posible que esto te parezca poco natural. Esto es así simplemente porque no tienes el hábito de hacerlo. Incluso el expresarlo te puede resultar incómodo. Pero no expresarlo te deja a medias en esta práctica. Una vez que lo vayas practicando, verás que poco a poco se convierte en algo natural y muy enriquecedor. Empieza a practicar con pequeñas cosas: esa llamada de tu amigo para saludarte, esa invitación de un familiar para tomar en café, ese beso que te da tu hija cuando llegas a casa. Verás que tu vida está plagada de cosas por las que sentirás agradecimiento si te enfocas en ello.

¡Hazlo ahora!

Cierra los ojos.

Piensa en una acción que alguien a hecho que te gustó. No importa lo pequeña que parezca.

¿Qué impacto tuvo en ti? ¿Qué necesidades cubiertas tuviste?

¿Cómo te sentiste?

Coge el teléfono y mándale un WhatsApp expresándoselo. 

Deja algún comentario sobre tu experiencia en la página de Facebook o aquí mismo.

 

Abrazo

 

 

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