Somos seres de fuego lento.

Hace poco un alumno asturiano me dijo que la fabada, para estar realmente deliciosa, tiene que hacerse a fuego lento durante varias horas.

A veces, por necesidad, echo mano de comida rápida (intento que siempre sea de calidad) pero lo que más me gusta es disfrutar de una comida preparada con tiempo, esmero y cariño.

Vivimos en una sociedad en la que queremos resultados ya. Veo una y otra vez métodos y sistemas que te prometen alcanzar aquello que quieres como adelgazar, aprender idiomas o tener el cuerpo que deseas en poco tiempo y sin esfuerzo. Y nos lo creemos.

Incluso, a menudo me topo con sistemas de coaching, enfoques de desarrollo personal o programas para todo tipo de cosas que te prometen tener la vida que deseas en cinco fáciles pasos, o un programa con los tres secretos para la felicidad, o un método con las siete claves para tener la pareja que deseas en menos de un mes.

Es verdad que un método ordenado y bien estructurado te ayudará a tener los resultados que deseas en cualquier área importante de tu vida, pero no olvidemos que los seres humanos somos como la buena fabada. Somos seres de fuego lento.

Con la prisa de lograr resultados nos olvidamos del gozo del proceso de nuestro desarrollo disfrutando, o por lo menos valorando, cada paso, cada descubrimiento que hacemos sobre la vida y sobre nosotros, celebrando cada eslabón que se rompe de las cadenas que nos atan, honrando cada nuevo hilito de consciencia.

Los buenos cocineros disfrutan de cada momento del proceso, desde el momento en que seleccionan los productos para sus platos en el mercado, hasta el momento de su preparación y todo el proceso de elaboración antes de llegar a la mesa del afortunado comensal.

Seamos cocineros de nuestra propia vida, estando presentes con consciencia en cada paso que damos, celebrando cada descubrimiento y agradeciendo cada lección en este apasionante viaje del auto conocimiento y realización.

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