Hoy me tomé un par de copas de vino con el estómago vacío después de un día duro. Noté cómo me cambiaba el ánimo. De repente empecé a encontrame más ligero y comencé a notar que me sentía más tranquilo y, como se dice en México, alegrón. Y me acordé de mi padre y su alcoholismo.

Es verdad que el alcoholismo de mi padre provocó mucho dolor en mí. Mi madre murió cuando tenía 9 años y mi padre se dio al alcohol poco después. Me sentí huérfano de padre y madre. Y esto generó mucho dolor y confusión en mí.

Hoy, sin embargo, me di cuenta, una vez más, dando otra vuelta de tuerca, que esa era la forma en que mi padre enfrentaba su soledad y su vergüenza. Su soledad por haber perdido a la mujer de su vida y su vergüenza por su pasado, que fue un pasado muy duro pues no conoció a su padre y seguramente vivió momentos muy difíciles al no tener el apoyo y guía que da un padre, además de lo que significa ser hijo «bastardo» en los tiempos de su infancia en el México profundo y rudo.

El alcohol le daba esa sensación de bienestar, alegría y paz, desconectándolo de su sufrimiento.

Y, sin negar el dolor que significa crecer con un padre poco presente emocionalmente, comprendí que debajo de su alcoholismo estaba todo este dolor. Y, quizá, el dolor de generaciones. Y esa comprensión me llevó a conectar con él, y con  mis ancestros, de otra manera, de una manera más empática y comprensiva, y a experimentar alivio y sanación por mi propio dolor y confusión.

Un principio importantísimo de la Comunicación No Violenta es el siguiente: Todo lo que hacemos los seres humanos es un intento de cubrir necesidades.

Integrar ese principio es fundamental para ver las cosas desde otra perspectiva, una perspectiva que nos saca de la polaridad del «bien y el mal» y nos lleva a comprensiones más profundas. Esas comprensiones nos llevan a un mayor entendimiento, compasión y paz.

Eso no quita que tengamos que hacer el trabajo de darnos cuenta que nuestro dolor fue y es real. Y hacer lo que tengamos que hacer para sanar ese dolor.

Siento agradecimiento a Marshall Rosenberg por haber transmitido este mensaje de «amor y paz» de una manera ordenada y fácil de entender. El poder ver que debajo de todo lo que hacemos está la intención de cubrir nuestras necesidades humanas, quizá de maneras poco afortunadas,  me saca del pensamiento polar «bueno o malo» y me lleva a una comprensión más profunda, lo que resulta en perdón y reconciliación.

«Ahí afuera, mas allá de ideas de bien o mal, hay un lugar.
Ahí nos encontraremos» Rumi

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